Una clase máster sobre hard rock y metal

Por Sergio Ariza

Una tos seca (la del propio Tony Iommi grabada por accidente tras darle una calada a un porro preparado por Ozzy Osbourne) daba paso a uno de esos riffs gigantescos que al guitarrista le salían con tanta facilidad y al resto de la humanidad no. Sweat Leaf hacía su aparición como un elefante en una cacharrería y demostraba que Black Sabbath iban a sonar todavía más duros y pesados en Master Of Reality y que; después de una obra maestra como Paranoid, que les había colocado en el altar de los padres del heavy metal junto a Led Zeppelin y Deep Purple; todavía tenían cosas que decir y las iban a decir bien alto como en este inicio inmejorable que era su particular oda a la marihuana.  

   

Con Master Of Reality Black Sabbath se adelantaron dos décadas al stoner rock o al grunge, cuyos principales grupos como Nirvana, Smashing Pumpkins, Kyuss o Soundgarden rendirían pleitesía a la banda y a este disco en concreto, utilizando el truco que usó Iommi en algunas de las canciones de este disco. El guitarrista, que tenía dos dedos parcialmente cortados desde joven, sufría al tocar, así que decidió bajar el tono de su guitarra varios tonos para ponérselo más fácil, el resultado es un sonido mucho más cavernoso y muscular, todavía más oscuro que los negros tonos a los que nos tenían acostumbrados, siendo el mejor ejemplo la salvaje Children Of The Grave, una canción que según el bueno de Ozzy era lo más "cojonudo y brutal" que habían grabado nunca.
   

Claro que el resto del disco tampoco desmerecía en absoluto, con gemas como Lord Of This World, After Forever o Into The Void. Es el disco más expansivo musicalmente de la banda, con las canciones teniendo más cambios y una instrumentación más diversa, Iommi metiendo partes de guitarra clásica (Orchid y Embryo), Geezer Butler siguiendo los pasos de Iommi y bajando el tono de su bajo que suena mucho más potente, Bill Ward metiendo overdubs y Ozzy sonando mejor que nunca, en vez de aprovechar el cambio de tono de guitarra y bajo para cantar más grave hace todo lo contrario y canta todavía más agudo, consiguiendo un gran efecto en contraste.
  

   

Se nota que la banda tuvo mucho más tiempo para prepararlo que sus dos primeros discos, siendo, probablemente, el álbum que mejor suena de toda la banda, con Iommi llegando a tocar otros instrumentos como en Solitude, donde además de su SG toca la flauta y el piano. Es uno de los temas más interesantes del disco, comenzando con esas influencias clásicas que ya ha utilizado en Orchid y Embryo, y un sentimiento casi psicodélico, además de un gran bajo a cargo de Butler. Es una especie de respiro para un disco oscuro y pesado pero tiene un aura inquietante, con la voz de Ozzy sonando triste y desesperada. Es la pequeña calma antes del brutal cierre con Into The Void, la canción sobre la que se construyó todo el sonido Stoner Rock de Kyuss o Monster Magnet, además de ser una de las favoritas de otras leyendas del lado más duro del rock, como James Hetfield de Metallica, Eddie Van Halen o Soundgarden, que incluso hicieron una versión de ella.
   

Es increíble que un disco que solo cuenta con seis canciones y dos breves interludios musicales suene así de completo, pero es que cada uno de los temas que aquí aparecen contiene múltiples capas en lo más profundo de los surcos. Master Of Reality muestra a Black Sabbath en el cénit de su poderío y cada canción es una clase máster sobre el hard rock y el metal.
  

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