La despedida de Hendrix

Por Sergio Ariza

El 11 de mayo de 1970 aparecía en las tiendas el triple disco que conmemoraba el festival de Woodstock, celebrado en agosto de 1969, y rápidamente se convertía en un fenómeno global, subiendo a lo más alto de las listas estadounidenses. El disco se cerraba con un medley de la actuación de su máxima estrella, Jimi Hendrix. El guitarrista zurdo seguía siendo una de las estrellas más grandes del planeta, pero llevaba sin sacar un disco de estudio desde que el 16 de octubre de 1968 apareciera el fundamental Electric Ladyland, que también había subido a lo más alto de las listas de EEUU.  

En una época en la que la mayoría de grupos y bandas seguían sacando dos discos, y algún single, al año, el vacío de música de Hendrix era inquietante. En 1969 no había sacado nada, en un año en el que Led Zeppelin sacó dos discos, los Beatles grabaron otros dos o la Creedence de John Fogerty, tres. Pero Jimi no había parado quieto, es cierto que había pasado por un periodo de sequía creativa pero tras la disolución de la Experience, en abril de 1969, Hendrix había comenzado a recuperar la forma, junto a su amigo Billy Cox, que reemplazó a Noel Redding al bajo, como se pudo ver en su mítica actuación en Woodstock.
  

Hendrix seguía siendo el músico mejor pagado del mundo pero no estaba contento con su imagen como Dios del Rock, en un momento en el que la música negra parecía independiente de este movimiento, con James Brown y Sly & The Family Stone al frente de la revolución funk. Jimi quería que su gente le respetase así que también cambió de batería, fichando a Buddy Miles para crear la Band Of Gypsys. Junto a este trío decidió grabar un disco en directo, con material original, pero no utilizó todo el material nuevo que tenía, guardándose muchas canciones para la continuación de Electric Ladyland.



A pesar de todo el disco, llamado igual que la banda fue un éxito, no en vano Hendrix seguía siendo el mejor guitarrista de rock del mundo, como bien se podía comprobar en Machine Gun, pero también sabía que era mucho más que eso y cada vez tenía más confianza en su voz y en sus composiciones. Su química con Cox era excelente y junto a Miles comenzó a acercarse más al R&B y al soul de sus comienzos. Pero tras una actuación no especialmente brillante, decidió poner punto final a la banda. Su mánager intentaba que volviera con la Experience pero Hendrix se entendía mucho mejor con Cox que con Redding, tanto a nivel personal como musical. Eso sí, no tuvo problema en volver a tocar junto a Mitch Mitchell, recuperando el formato trío.
  

Todo esto ocurría a la vez que estrenaba su flamante nuevo estudio de grabación, Electric Lady, situado en el Greenwich Village de Nueva York. La primera grabación que realizó allí demostraba que Hendrix había recuperado la magia. Con Eddie Kramer, su ingeniero de confianza, a su lado, Hendrix grabó Night Bird Flying, una canción increíble en la que llegó a grabar cuatro partes distintas de guitarra, una verdadera demostración de por qué es considerado el mejor de todos los tiempos. Cuando en baloncesto hablamos de por qué Jordan o Lebron son los mejores, y no ponemos a Harden o Carmelo a su altura es porque Jordan y Lebron eran los mejores en las dos partes de la cancha, en ataque y en defensa. Cuando hablamos de Jimi Hendrix como el mejor guitarrista de todos los tiempos, no es solo porque como solista no tuviera rival, revolucionara el sonido de la guitarra como nadie lo había hecho antes que él y tuviera una técnica e intuición fuera de lo común, sino porque como guitarrista rítmico tampoco lo tenía, era, sencillamente, inigualable.
 

 

Lo que demostraba también Night Bird Flying era la dificultad de tocar esa canción en directo, ya que encima del escenario Hendrix no se podía desdoblar varias veces para lograr el mismo efecto. Otra de las primeras canciones que grabaron, venía de más lejos, Hendrix la había compuesto nada más terminar Axis: Bold As Love, el segundo disco de la Experience, pero encontraría su forma definitiva en Electric Lady. Se trataba de Angel, otra de las grandes baladas de su carrera y, en cierto modo, la sucesora de Little Wing.
  

En las mismas sesiones en las que se grabó Angel, en el verano del 70, se terminaron Freedom y Dolly Dagger, sus dos más certeros aproximamientos al funk rock y a la música negra. George Clinton y sus Funkadelic seguro que estaban escuchando. Freedom era puro funk y Hendrix volvía a demostrar su maestría como guitarra rítmico con su querida Strat negra del 68, la Black Beauty que se había convertido en su guitarra favorita. Para la segunda, si hacemos caso de sus interpretaciones en directo, Hendrix dejó a un lado la Black Beauty, para utilizar una Flying V. Otra gran canción con sabor negro, en este caso más soul, era Drifting, un sentido homenaje a una de sus mayores influencias, Curtis Mayfield.
 

 

Evidentemente Hendrix estaba inspirado, la banda tenía química y Kramer estaba sacando el mejor sonido. Pero el guitarrista tuvo que abandonar las grabaciones cuando comenzó la parte europea de su gira. Ser el músico más reclamado del mundo tenía estas cosas y Hendrix tuvo que partir a Inglaterra para encabezar el Festival de la Isla de Wight ante medio millón de personas. Nunca volvería a Electric Lady, ni regresaría a EEUU, muriendo el 18 de septiembre en Londres.
  

Tras su muerte comenzaron a aparecer discos póstumos con varias de las canciones que había dejado grabadas, The Cry Of Love y Rainbow Bridge en 1971, War Heroes en 1972, pero ninguno parecía que se correspondían con la voluntad de Hendrix de sacar un nuevo disco doble llamado First Rays Of The New Rising Sun. No fue hasta 1997, cuando la familia del guitarrista obtuvo al fin los derechos de su obra, cuando se intentó hacer un intento aproximado de lo que podría haber sido una nueva obra maestra.
 

 

Para ello se le encargó al tipo adecuado, el ingeniero Eddie Kramer que rescató canciones de sesiones anteriores, como las notables Room Full Of Mirrors o Ezy Ryder, con Buddy Miles todavía de batería. La segunda es una de sus canciones más potentes, con una de sus combinaciones más reconocibles, la Strato sobre el Marshall con el UniVibe.
  

El único problema que le veo a este notable conjunto es que cojea en su distribución, las ocho primeras canciones son Hendrix fundamental, a la altura de los míticos tres primeros discos con la Experience, pero la segunda parte cojea con inclusiones como Beginnings, un instrumental que dudó que hubiera utilizado el propio Hendrix. Aun así en esa segunda parte aparecen cosas tan interesantes como Hey Baby (New Rising Sun) o Earth Blues, con las Ronettes como coristas.
  

Es lo malo de este tipo de discos, nunca sabes que nos hubiera deparado el First Rays que nos hubiera entregado Hendrix de poder terminarlo, lo que queda claro escuchando lo que pudo haber sido, es que el 18 de septiembre de 1970 el rock & roll tuvo la pérdida más importante de su, por entonces, corta historia.
 

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