Il disco que creó los 90

Por Sergio Ariza

La gente suele suponer que los años 90 comenzaron el 1 de enero de 1990 pero no es así, la década tuvo su verdadero comienzo el 24 de septiembre de 1991, el día en el que apareció el 'Nevermind' de Nirvana y tuvo su confirmación oficial el 11 de enero de 1992 cuando el disco sucedió al 'Dangerous' de Michael Jackson como número uno de las listas de discos en EEUU. Ahora sí, los 80 habían muerto, que vivan los 90.  

Este disco supuso un nuevo renacimiento del rock, como antes con Chuck Berry (bueno, en ese caso, nacimiento) o los Clash, que lo volvía a hacer peligroso y fuera del sistema. Claro que la industria tomaría nota y en pocos años lo estaría explotando sin reparo, con desfiles en las altas pasarelas de 'atuendos grunge'. Pero esta es la historia del disco que posibilitó todo eso y que creó la última gran revolución rock. Nirvana la capitanearon, a pesar de que no inventaron nada, ni fueron los primeros, eso sí, fueron el grupo más representativo y, desde luego, tenían las mejores canciones.
 



Nirvana formaba parte de lo que Perry Farrell denominaba la "nación alternativa". Grupos como Sonic Youth, Hüsker Dü o los Pixies eran sus principales exponentes. Estos grupos se oían únicamente a la "izquierda del dial", como decían los Replacements, en las radios universitarias y estaban divididos regionalmente. Uno de los lugares que tenía una escena particularmente activa era Seattle, donde una productora independiente, Sub Pop, daba cobijo a algunos grupos que popularizarían un género conocido como grunge. En 1989 habían lanzado el primer disco de Nirvana, 'Bleach'.
 

En 1990 comenzaron a grabar maquetas de canciones para su continuación, en ellas se podía intuir la deriva de su compositor principal, Kurt Cobain, del sonido más pesado y heavy del grunge de Seattle hacia un sonido mucho más melódico, cercano al de su banda de referencia en ese momento, los Pixies. Ese mismo año la banda se quedó sin batería tras la marcha de Chad Channing por diferencias creativas con Cobain y el bajista Kris Novoselic. Estos se habían quedado impresionados con el batería de Scream, una banda de hardcore punk, llamado Dave Grohl. Cuando se unió con ellos en Seattle fue el momento en el que, según Novoselic, todo estuvo "en su sitio".



Grabado en los míticos estudios Sound City Studios, junto al productor Butch Vig, Cobain entregó una de las mejores colecciones de canciones de la historia, comenzando por el riff más recordado de la década, ‘Smells like teen spirit’. Como guitarrista Cobain estaba a años luz de ser un virtuoso y se vanagloriaba de su poca técnica, pero su sonido era abrasivo y puso más guitarras en las manos de más adolescentes que nadie desde Hendrix. Sus gustos no eran nada caros, le gustaban las Fender, pero no los modelos clásicos sino los japoneses de la Stratocaster porque era la guitarra para zurdos más asequible. También para zurdos era otra de sus favoritas, una Fender Competition Mustang del 69. Su predilección por guitarras sencillas también se aplicaba a las acústicas, siendo el modelo utilizado en las dos únicas canciones sin electricidad del disco, ‘Polly’ y ‘Something in the way’, una Stella de 12 cuerdas que se había comprado de segunda mano en 1989 por unos 30 dólares.
 

Poco importó, ‘Nevermind’ explotó como una bomba y convirtió a la música alternativa en el nuevo ‘mainstream’. Cobain nunca lo entendió, la misma gente a la que criticaba en sus canciones se compraba su disco y vestía como él. Tiempo después, una vez que se convirtió en uno de los discos más vendidos de la historia, renegaría diciendo que tenía más que ver con Mötley Crüe que con el punk. Tampoco podía entender cómo su disco había vendido millones y los de sus bandas favoritas, como Meat Puppets o The Vaselines, no. Era sencillo, había reunido en un disco  12 canciones brutales y había expresado en ellas el sentir de toda una generación. Él no quería ese papel pero esas cosas no se eligen, se son.
 

(Imágenes: ©CordonPress)


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