The Astonishing (2016)

Dream Theater

El sueño de Petrucci

La principal razón por la que Dream Theater repite en nuestro Jukebox es que, aunque en los créditos figure como tal, debería ser el de John Petrucci el que apareciese. Más que nunca, el nuevo disco de la banda por antonomasia del rock progresivo es suyo de principio a fin desde que se le encendió la bombilla en 2013. El genial guitarrista soñó con una gran obra sinfónica en la que poder mostrar sus dos caras: la del instrumentista y, sobre todo, la del compositor que lleva dentro, y la ha plasmado en la banda sonora de un relato de ciencia ficción que también lleva su firma, The Astonishing. Esto es sólo el principio, su idea es acompañarlo con un videojuego y la consiguiente película.

Jordan Rudess, James Le Brie, John Myung
y Mike Mangini se han sumado con entusiasmo al proyecto de su compañero y líder, el primero con un gran trabajo a los teclados de todo tipo y, el segundo, poniendo voz a un difícil libreto de treintaytantas páginas que desarrolla un argumento sobre el negro futuro que le espera a la raza humana. En su sueño, la utopía se deshace en su opuesto, la distopía de un mundo apocalíptico, postindustrial y adocenado contra el que lucha incansablemente el inevitable héroe de todas las novelas del género fantástico, el Elegido. En todo caso, indispensable tenerlo a mano durante la escucha del decimotercer álbum de estudio del grupo.



Como curiosidad, la dystopia (como se escribe en su versión inglesa) parece estar de moda. Petrucci la ha utilizado para el título de su obertura y otro visionario del rock, Dave Mustaine, para el del último álbum de Megadeth. Ambos discos han salido al mercado con apenas una semana de diferencia. Mientras sólo sea una coincidencia…


Dream Theater
debería incluir también en los créditos un ‘quinto’ miembro oficial, la sinfónica de Praga dirigida por David Campbell que envuelve al grupo en la atmósfera de las grandes obras orquestales. Nunca llega a ser protagonista, pero siempre está ahí a lo largo -nunca mejor dicho- de las más de dos horas contenidas en el doble CD. Personalmente, creo que sobra el segundo, o lo hubiera dejado para más adelante, porque da la sensación de que en el “segundo acto” ha estirado algunas melodías para cumplir con el ‘tempo’ cinematográfico. El verdadero problema de Petrucci es -por suerte para nosotros- que no sabe regular el grifo de su incontenible creatividad. Y se lo puede permitir.




Incluso podríamos añadir un sexto compañero, los NOMACS, las máquinas de música sintética que -según siempre el sueño de Petrucci- se escucharían en su tétrico mundo futuro. La misión de El Elegido no es otra, realmente, que la de destruirlas.


Como compositor, Petrucci recurre a los ‘clásicos’, pero a los del rock sinfónico, de los que se encuentran ecos en todos los trabajos de Dream Theater. Su lado más ‘heavy’ apenas aparece, reservado a los momentos ‘tormentosos’ del relato, concentrados en el primer acto.

Como guitarrista, por una vez sujeto a las exigencias del guión, lo único que se puede decir es que su forma de tocar sí que es verdadera ciencia ficción. Otro sueño.


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